El Espectador (Editorial)

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Publicada por: El Espectador

Es de celebrar la decisión que tomó el Congreso de la República la semana pasada, cuando nombró a Néstor Osuna como magistrado de la Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, probablemente la institución más desprestigiada —y con razón— de la alta cúpula de la Rama Judicial en Colombia. Tanto está puesta en entredicho su imagen, que el Gobierno propuso (aunque por supuesto no sólo por eso) eliminarla del todo en su fallida reforma a la justicia.

La noticia es buena porque refleja una decisión justa: Osuna, mejor que ningún otro candidato de la terna enviada por el presidente Juan Manuel Santos, representa la labor abstracta que debe desarrollar un juez. Se trata de un académico pulcro, dedicado a la investigación del derecho constitucional en la Universidad Externado. Alguien alejado de los problemas de la rama. Alguien, digamos, descontaminado de las prácticas clientelistas, burocráticas y de intercambio de favores que parecen comerse viva a la justicia de este país. Su nombre fue uno de los pensados para reemplazar, en su momento, la plaza de Humberto Sierra Porto en la Corte Constitucional.

Con los otros dos candidatos de dicha terna había razones para guardar reservas: el uno, Luis Manuel Neira, desde 2005 secretario general del Ministerio de Defensa, es un defensor de la figura del fuero penal militar y no sobra recordar que Henry Villarraga, el magistrado que dejó la silla vacía en el Consejo Superior de la Judicatura, renunció, justamente, por presuntos deslices en ese tema. La otra, Martha Luz Reyes, una funcionaria con 20 años de experiencia en la Fiscalía, sin embargo, como lo denunció la periodista Cecilia Orozco en estas mismas páginas, solicitó la preclusión de la investigación contra el exsecretario jurídico del Gobierno pasado por la visita que hizo alias Job  a la Casa de Nariño. Las críticas le llovieron en su momento y hubieran vuelto a saltar al ruedo.

¿Personajes cuestionados los otros dos? Ciertamente no. Pero el nuevo magistrado Néstor Osuna se distingue de ellos, de nuevo, por estar alejado de todos esos ambientes que pueden poner algún manto de duda sobre su futura gestión. El que nada debe, nada teme. Ya tendrá que demostrarnos, por supuesto, que está a la altura del cargo en el que lo nombraron.

Decíamos en este espacio hace más de un mes que esta era una oportunidad de oro para el presidente Santos: ya que no podía hacer una reforma a la justicia, como salió a lamentarse en los medios cuando Villarraga renunció a su cargo para dar vía libre a la investigación que pesa en su contra, contaba con un mecanismo expedito para renovar la justicia: nombrar una terna decente. Así es como se enmiendan los errores de costura institucional. Así es como puede llegarse a un país más decente pese a que una entidad esté mal concebida. Es un ejemplo grandilocuente, sobre todo en estos tiempos de polarización, cuando se critica la naturaleza de las cosas que nosotros mismos hemos dado en crear.

Durante los últimos meses este espacio fue usado para condensar la indignación social y levantar críticas contra ciertas decisiones o actitudes mediáticas de los políticos de este país. No sobra recordar, de vez en cuando, que sí somos capaces. Que sí se pueden dar partes de tranquilidad de vez en cuando. Que es posible, también, informar sobre lo bueno que ocurre en Colombia. Enhorabuena pues esta noticia. Que sean más.

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