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Estos son los candidatos para elegir a quiénes suplirán las vacantes de los magistrados Jorge Pretelt y de María Victoria Calle.

Tal como se esperaba, el presidente Juan Manuel Santos anunció las dos ternas que presentará ante el Senado para la elección de los magistrados que suplirán las vacancias de Jorge Pretelt y María Victoria Calle en la Corte Constitucional. El jefe de Estado aseguró que entrevistó personalmente a los candidatos y que una de las preguntas que les hizo giró en torno a su compromiso con la paz.

Para reemplazar al magistrado Jorge Pretelt el mandatario ternó a tres juristas, todas mujeres.

Isabel Cristina Jaramillo Sierra

Abogada de la Universidad de los Andes, con doctorado de la Universidad de Harvard. Es una de las candidatas más fuertes por la academia. Su historia laboral se ha enfocado en la docencia. Actualmente, es la Directora del Doctorado en Derecho también de la Universidad de los Andes.

Cristina Pardo Schlesinger

Abogada de la Universidad del Rosario. La ex secretaria jurídica de Palacio (renunció en febrero para aspirar a este cargo) es una de las candidatas más fuertes. Tiene una amplia trayectoria en la Corte Constitucional, pues antes de llegar a la Casa de Nariño había sido magistrada auxiliar durante cerca de 14 años. Fue colegial de número y ha sido profesora y directora del área de derecho de su Alma mater.

Natalia Ángel Cabo

Abogada de la Universidad de los Andes, con doctorado de la Universidad de York, en Canadá. Ha ejercido como docente en la Universidad de los Andes, consultora e investigadora. También ha sido abogada sustanciadora, y coordinara de la oficina de Apoyo de la Corte Constitucional, Sala Especial de Seguimiento de la Sentencia sobre desplazamiento forzado.

Por otra parte, para el caso de la magistrada María Victoria Calle el mandatario ternó a tres juristas más.

María Margarita Zuleta González

Abogada de la Universidad de los Andes. Actualmente, ejerce como directora de la Agencia Nacional de Contratación Pública. Aunque comenzó en el derecho privado y trabajó varios años para la firmar Brigard & Urrutia. Fue Viceministra de Justicia y Zar Anticorrupción de Uribe.

Carlos Bernal Pulido

Abogado de la Universidad Externado de Colombia, con doctorado en Derecho de la Universidad de Salamanca (España) y es conocido por haber traducido varias obras de Robert Alexy. Actualmente es docente- investigador de la Universidad del Externado de Colombia, e investigador asociado en la Macquarie University de Sidney (Australia).

Néstor Osuna Patiño

 

Abogado de la Universidad Externado de Colombia, con doctorado en Derecho por la Universidad de Salamanca (España). Exmagistrado del Consejo Superior de la Judicatura y actualmente es docente en derecho constitucional de la Universidad Externado de Colombia.

Los ternados

Sobre los seis juristas incluidos en las ternas se podría destacar varios puntos. El primero es el origen universitario. La universidad de Los Andes recoge la preferencia presidencial: la mitad de los postulados provienen de esa facultad de derecho (Zuleta, Ángel y Jaramillo). Dos son de El Externado (Osuna y Bernal) y una del Rosario (Pardo). El Rosario, que históricamente había tenido dos magistrados en la Corte Constitucional, esta vez solo queda con la posibilidad de tener uno. De Los Andes también es el magistrado Alejandro Linares, también ternado por Santos.

En segundo lugar, por primera vez en la historia, un presidente hace una apuesta de género de esta magnitud. Con una terna de solo mujeres ya es un hecho que llegará al menos una abogada a la Corte Constitucional. De las mujeres, todas son expertas en derecho constitucional. Ángel Cabo y Jaramillo además son expertas en temas de género. Dos trabajaron años en ese alto tribunal. Natalia Ángel fue magistrada auxiliar de Carlos Gaviria y Eduardo Cifuentes y Cristina Pardo ha trabajado 21 años en altos cargos del Estado, 14 como magistrada auxiliar de ese alto tribunal y siete como Secretaría Jurídica de la Presidencia. Zuleta, por su parte, proviene de una familia vinculada a las cortes y su experiencia específica ha estado concentrada en la gestión en el sector privado (fue abogada de Brigard y Urrutia) y en el público (Fue Zar Anti-Corrupción y directora de Colombia Compra Eficiente).

El presidente se la jugó por incluir en las terna tres académicos puros: Bernal, Jaramillo y Ángel son profesores de tiempo completo de sus universidades. Mientras que Pardo y Osuna han combinado la docencia en derecho constitucional con el realismo de la Rama Judicial y del poder ejecutivo. Pardo dirigió por años el área de derecho constitucional de la Universidad del Rosario y Osuna es profesor del Externando y ha sido litigante experto en derecho disciplinario al haber sido magistrado del Consejo Superior de la Judicatura.

Los apoyos 

Por ahora, la candidata con más chance de ganar es Cristina Pardo. La ex Secretaria Jurídica de la Casa de Nariño arranca con el apoyo de la Unidad Nacional, con cuyos voceros tuvo interlocución permanente durante siete años desde su cargo en presidencia. Como se considera de origen conservador, seguramente también recogerá apoyos de ese partido y podría tener la posibilidad de lograr el visto bueno del Centro Democrático.

Osuna tiene acogida en el Congreso de la República, y ya hizo la tarea de pasar por se escenario cuando fue elegido para el Consejo Superior de la Judicatura. Bernal Pulido, Natalia Ángel e Isabel Cristina Jaramillo son más conocidos en el ámbito académico y en la docencia internacional, pero no se descarta que algún articulador político pueda ayudarles a entrar a ese díficil mundo del parlamento colombiano. Zuleta, por su parte, pertnence a una categoría de funcionarios del Estado con infrecuentes encuentros con la clase política. Sin embargo, tiene mucha credibilidad y es muy conocida en la opinión pública.

La importancia de la elección

Los cambios que tendrá la Corte Consititucional son vitales pues el organismo tomará en los próximos meses decisiones trascendentales. El acuerdo de paz le ha delegado la función de revisar automáticamente todas las leyes que se hagan por la vía rápida o fast track. En desarrollo de esta tarea, la corte podrá incluso tumbar o dar interpretaciones especiales a normas estructurales como la amnistía o la Jurisdicción Especial para la Paz, lo cual no sería exótico, pues ya lo ha hecho en varias ocasiones en el pasado.

En 2006, al revisar la Ley de Justicia y Paz, la corte tumbó la posibilidad de que el concierto para delinquir pudiera considerarse un delito político y con ello impidió otorgar amnistías a los desmovilizados solo acusados de pertenecer a las autodefensas. Para superar esta situación, el gobierno de Álvaro Uribe impulsó en el Congreso la Ley 1312 de 2009, la cual permitía aplicar el principio de oportunidad en el proceso de justicia y paz. Sin embargo, la Corte Constitucional nuevamente declaró inexequible esta norma. Esas dos sentencias cambiaron el rumbo de ese proceso.

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Pero no solo se trata de la paz. La corte puede ser el organismo que más incide hoy en el desarrollo económico del país, desafortunadamente en forma negativa. Tanto que en los últimos años algunos la han criticado mucho por lo que consideran un “activismo judicial”. Varios de estos fallos tienen nobles propósitos, pero son impagables o ponen en riesgo la estabilidad fiscal del país y afectan otros sectores vulnerables. En la Corte Constitucional se falla en Cundinamarca con pretensiones de tener el presupuesto de Dinamarca. Por ejemplo, en el caso de las pensiones a las madres comunitarias, la aplicación exacta de la sentencia habría quebrado al ICBF. Lo mismo pasa con los temas relacionados con infraestructura, la minería y los hidrocarburos que, aunque están fundamentados en la importante protección de los recursos naturales, tienen a ambos sectores en jaque. Por la corte pasan todos esos temas y en este momento se estudian demandas contra uno fundamental: la reforma tributaria.

Y no menos importante será el control automático del referendo que Viviane Morales tramita en el Congreso, en caso de ser aprobado. La senadora quiere convocar al pueblo para que en las urnas decida si los niños abandonados deberían ser adoptados solo por parejas conformadas por un papá y una mamá, un tema que goza de un amplio respaldo popular. Aunque se anticipaba que podría considerarse inconstitucional pues en varias sentencias se ha señalado que no se puede hacer un referendo sobre los derechos de los ciudadanos, esa decisión también quedará en manos de los que lleguen.

En relación con la paz, se puede predecir que el apoyo al proceso en la nueva corte cuenta con una amplia mayoría, pues tres de los cuatro magistrados que permanecen (Alberto Rojas, Gloria Ortiz y Alejandro Linares) han apoyado ampliamente estos temas. A ellos se sumaría Antonio José Lizarazo (elegido con el apoyo de la Unidad Nacional) y los dos ternados por el presidente que saldrán de este grupo de juristas que el presidente le acaba de presentar al país. Así, habría una mayoría de mínimo seis votos, suficientes para apoyar cualquier iniciativa.

En los temas ideológicos, como los relacionados con el aborto, la eutanasia, el matrimonio y la adopción de parejas del mismo sexo, la situación es muy similar, pues la mayoría de los magistrados tienen posiciones liberales. De la terna del presidente podría llegar Cristina Pardo, hasta hace pocos días secretaria jurídica de palacio, quien tiene una posición más conservadora. En ese escenario, al contrario de lo que sucede en Estados Unidos, es probable que de la corte puedan salir decisiones progresistas como permitir el aborto libre en el primer trimestre, ampliar los casos en los que se puede practicar eutanasia y avanzar en los derechos de la población LGTBI.

En las próximas semanas los candidatos tendrán que presentarse ante el Senado para exponer su hoja de vida. Se espera que allí se tome una decisión pronta.

Semana (Opinión)

Semana (Opinión)

Opinión de José Manuel Acevedo en Semana

La dimisión del magistrado Néstor Osuna se convierte en una honrosa excepción en un país de dirigentes indignos y caraduras.

Nadie lo ha acusado de nada. No tiene tacha ética alguna ni está metido en líos judiciales. No participó de ningún carrusel de pensiones ni les ofreció cargos a las fichas políticas de los congresistas en la rama judicial. Goza de una extraordinaria reputación y lo único que tendría que hacer para seguir ganándose hasta el final el buen sueldo de magistrado que recibe es quedarse calladito presenciando la agonía de la moribunda institución de la que hace parte, raspando la olla o a lo mejor oponiéndose tercamente a la eliminación de ese esperpento en el que se convirtió el Consejo Superior de la Judicatura.

Sin embargo, el magistrado Néstor Osuna ha decidido renunciar con la convicción de que le presta un mejor servicio al país y sobre todo a la justicia, al dar un tranquilo paso al costado y demostrar que en Colombia todavía existen quienes no se dejan marear por el poder ni se aferran neciamente a sus cargos. En otras palabras, su dimisión se convierte en una honrosa excepción en un país de dirigentes indignos y caraduras, sobre todo dentro de la desprestigiada rama judicial.

No hay que olvidar que Osuna llegó a la Judicatura en uno de sus peores momentos. Entró a reemplazar al cuestionado exmagistrado Henry Villarraga, acusado, entre otras cosas, de una rara movida para favorecer a un delincuente vestido de coronel del Ejército. Y quizá por esa misma razón dentro de los mayores logros de Osuna está asegurarse de que en los conflictos de competencia entre la justicia penal militar y la justicia ordinaria se creará una rigurosa jurisprudencia para que todo caso que represente una violación a los derechos humanos sea asumido por jueces ordinarios sin excepción alguna.

En los 16 meses que alcanzó a estar en su cargo de magistrado de la sala disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, proyectó duros fallos que castigaban y retiraban de sus cargos a jueces corruptos, especialmente en el sufrido departamento de Chocó. Tristemente, como en Colombia nunca se pone punto final a estas decisiones, por la vía de amañadas tutelas algunos de esos funcionarios corruptos lograron que los restablecieran, pero Osuna siguió librando la batalla para meterlos en cintura.

Si tanto estaba haciendo, entonces ¿por qué tiró la toalla? le preguntamos al aire en RCN La Radio. Osuna respondió que no quería ser un obstáculo en el proceso de eliminación del Consejo Superior de la Judicatura y aunque expuso sus argumentos para estar en desacuerdo con la alternativa que el Congreso ha aprobado en siete debates para reemplazar este órgano, aceptó tranquilamente que el Legislativo no hubiera acogido sus razones en vez de recurrir a la presión y el chantaje que le gustan tanto a algunos otros altos magistrados que deberían ver en la renuncia de Osuna un mensaje de dignidad y compostura.

Osuna se va del Consejo Superior de la Judicatura antes de que algunos de sus colegas comiencen a demandar al Estado pidiendo que les paguen sus sueldos hasta que se cumplan sus períodos o quejándose por los perjuicios morales causados con la eliminación de esa entidad, una jugada que ya está en ciernes.

Pero sobre todo, Osuna se va poniéndole la cara al país, motivando su renuncia en factores que resultan lógicos y admirables y no simplemente callándoselos como han resuelto hacer otros.

Cuánto tendrían que aprender de esta renuncia sus pares en otras cortes que ni rajan ni prestan el hacha o que teniéndo que irse por pura vergüenza frente a los colombianos, se tomaron impúdicamente el poder judicial y siguen enquistados como parásitos en sus despachos. ¡Gran ejemplo el de Néstor Osuna!

Twitter: @JoseMAcevedo

El Tiempo (Entrevista)

El Tiempo (Entrevista)

Publicado por: El Tiempo

El presidente de la Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, Néstor Osuna, explica que su inesperada renuncia al cargo antes de que termine el trámite de la reforma de Equilibrio de poderes y no descarta que, sus colegas en el alto tribunal, interpongan demandas al Estado por terminar, antes de tiempo, el periodo por el que fueron elegidos. Osuna fue elegido para un periodo de ocho años y se va de la Judicatura cuando apenas llevaba dos.

Sorprendió su renuncia ¿qué la motivó?

Lo había venido pensando desde que terminó en el Congreso el sexto debate al proyecto de ley de Equilibrio de Poderes, entre otras cosas, porque se manifestó que algunos congresistas estaban incómodos porque pensaban que nosotros queríamos perpetuarnos en el cargo y eso me pareció que no era conmigo una discusión de ese tipo. Además, en la iniciativa, esta institución queda abolida y a cambio suyo crean otra que se le parece mucho pero que va a tener prohibición absoluta de conocer acciones de tutela. Va a ser el único juez en todo el país al que se lo prohíbe la propia Constitución. No me siento comprometido con ese nuevo tribunal y por eso quiero apartarme antes de que eso comience a regir.

Tengo unas ideas sobre ese proyecto, pero, cuando uno las va a exponer, se malinterpretan como si buscara una forma de ver cómo hago para que la reforma se caiga porque si eso pasa, me puedo quedar aquí seis años y medio más pues me eligieron para 8. No quiero que esa discusión la den conmigo. No tengo ningún interés de atornillarme en el cargo, no me interesa que me prorroguen el periodo ni demandar al Poder Judicial porque no me lo respetaron. Eso no va conmigo. No es la forma como yo concibo el ejercicio de una dignidad tan importante como esta. Por eso, consideré que era necesario renunciar y demostrar eso con un hecho contundente.

¿Qué posibilidad existe de que se produzcan demandas contra el Estado por parte de los magistrados por no respetar el periodo para el que fueron elegidos?

Es posible que algunos colegas lo hagan. No conozco jurisprudencia sobre eso. Si a una persona de carrera la sacan, eso da lugar a indemnización. En general si a una persona que tenía un cargo para un periodo, la sacan antes de que termine el mismo, eso da lugar a una responsabilidad. Pero si es por reforma constitucional, no lo sé. No sé si uno tiene derechos adquiridos incluso sobre una reforma constitucional. Puede que ese debate se plantee. Yo no quiero plantearlo con mi caso. Que lo hagan otros quienes están en su derecho.

¿Qué es lo que no le gusta del nuevo órgano que reemplaza a la Sala Disciplinaria de la Judicatura?

Nosotros tenemos tres funciones: resolver tutelas, sancionar jueces y abogados y emitir conceptos de competencia. Estos últimos pasan a conocimiento de la Corte Constitucional, las tutelas las prohíben y quedan, por ahora, las sanciones. Pero el proyecto dice que habrá una ley que le pase el juzgamiento de abogados a los colegios de abogados que se crearán. Estos todavía no existen y serían privados. Es decir, serían los abogados juzgando a los mismos abogados. Siendo así, solo queda la sanción a los jueces. De tres funciones solo deja una y, de esa, quitarían la mitad. Es un órgano muy disminuido. Entonces, ¿por qué se va a quedar uno ahí contra viento y marea? Si quieren que nos vayamos, nos vamos.

¿Qué les han dicho sobre cómo será esa transición?

Cada debate sale una cosa distinta. Hasta el sexto debate los nuevos magistrados iban a ser nombrados por concurso, lo que toma cierto tiempo: hay que hacer convocatoria, exámenes y entrevistas. Entonces, la permanencia del anterior órgano se prolongaba un poco más. Pero en el último debate, la elección ya no es por concurso. Es el mismo sistema de ahora: el Presidente envía tres ternas al Congreso y el órgano que va a dirigir el poder judicial, el Consejo de Gobierno, envía las otras cuatro. El Congreso elige de esas ternas. Eso puede ocurrir rápido, en dos meses. Este año, en el segundo semestre puede estar funcionando ese nuevo órgano al que le deseo lo mejor.

¿Es cierto que parte de la razón para renunciar es que se cansó de lo que encuentra en la Judicatura en materia de corrupción?

Si yo encontrara una cosa incorrecta correría a poner las denuncias. No tengo esa percepción. Puedo decir con orgullo que durante el año y medio que estuve aquí no ha habido escándalos. Respondo por mí, pero he tenido la fortuna de que mis colegas también han sido juiciosos.

La crítica a la Judicatura es que no funciona…

Nosotros sacamos el año pasado más de 7.000 sentencia entre los siete magistrados; más de 1.000 cada uno. Sancionamos con exclusión de la profesión a cuatro abogados por mes y destituimos numerosos jueces cuando consideramos que hay razón. La gente cada vez más confía en la jurisdicción disciplinaria y se queja más de sus abogados y jueces. Eso hace que lleguen cada vez más procesos. En lo disciplinario, el Consejo Superior de la Judicatura sí ha funcionado. No voy a negar que ha habido unos escándalos horribles, en los que no he tenido nada que ver, pero que históricamente han ocurrido. En buena parte, lo de la reforma es una factura que el están pasando al Consejo Superior por unos episodios de corrupción que han ocurrido.

¿Qué proyectos tiene para cuando se retire?

Yo he sido profesor de derecho constitucional la Universidad Externado desde hace 26 años, volveré a la Universidad Externado. Ya hablé con el rector, por supuesto que me vuelven a recibir. Además, mi familia piensa que voy a volver a estar con ellos en la casa, que no voy a estar rodeado de guardaespaldas, que no voy a tener que estar trabajando hasta las 11 de la noche y que los domingos van a ser más calmados. Vuelve la vida familiar normal.

ÁNGELA MEJÍA CANO
JUSTICIA / EL TIEMPO

 

Semana

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Publicado por: Semana

La lucha de la Justicia contra la reforma bandera del gobierno Santos deja este viernes su primera baja. A través de una entrevista con RCN radio, el magistrado Néstor Osuna confirmó su decisión de renunciar al cargo que ocupa desde el 2013 en el Consejo Superior de la Judicatura como presidente de la sala disciplinaria del organismo.

Pese al esfuerzo que han desplegado los presidentes de las altas cortes para lograr que el Congreso archive el acto legislativo, este miércoles la Comisión Primera de la Cámara de Representantes aprobó en su séptimo debate la reforma al Equilibrio de Poderes.

“Radicaré mi renuncia al cargo como magistrado del Consejo Superior de la Judicatura. He llegado a la conclusión de que es lo pertinente después de ver cómo va el proyecto de Equilibrio de Poderes que suprime este tribunal”, manifestó el togado.

En el comunicado que divulgó Osuna a través de su cuenta de Twitter, manifiesta que no concibe el ejercicio de la magistradura sin la posibilidad de proteger los derechos fundamentales mediante la tutela.

Sin duda, la medida responde al proyecto de reforma que tramita el Gobierno en el Congreso: “Se viene tramitando un proyecto de reforma constitucional que suprime el órgano para el que fui elegido y lo reemplaza por una Comisión de Disciplina Judicial que, a pesar de conservar su carácter jurisdiccional, tendrá una prohibición explícita para tramitar y resolver acciones de tutela”.

El presidente de la sala disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura advierte que pese a los diversos rumores que alimentan la idea de que pretende sacar alguna ventaja personal de la pugna que han librado las instituciones frente al proyecto, él no busca ejercer un cargo a contrapelo de las decisiones del Congreso, y mucho menos presentar alguna pretensión patrimonial frente a la reforma constitucional.

“Frente a esta reforma a la justicia uno no puede ser sordo; hay muchas voces que nos están pidiendo que nos vayamos y por eso yo decido marginarme (…) estoy pensando que lo mejor es actuar por la justicia desde afuera”, dijo.

El nombre del magistrado Néstor Osuna tomó relevancia en el 2013 luego de que se posesionó en su cargo y se supo que buscaba mediante una demanda alargar el período para el que fue nombrado. El accionante debería dejar la magistratura en el 2016, cuando completará la legislatura de su antecesor, el cuestionado Henry Villarraga, quien se vio obligado a renunciar.

En esta ocasión, el togado advierte que aunque ha oído que el principal interés de varios magistrados es mantener sus privilegios y fueros, ese no es su caso.

“No puedo erradicar esa sospecha sólo con mis palabras, así que considero necesario presentar mi renuncia para con este hecho demostrar que eso no es cierto: no pretendo obtener ninguna ventaja personal con la exposición de mis ideas sobre el proyecto”, puntualizó.

W Radio

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Publicado por: La W

El presidente de la sala disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, se va, pues no encuentra soluciones a la crisis de la justicia.

El presidente de la sala disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, Néstor Osuna, se va, pues no encuentra soluciones a la crisis que actualmente vive la justicia y porque no quiere “atornillarse” al cargo en medio del debate de la reforma de equilibrio de poderes en la que eliminarán, inminentemente, el Consejo Superior de la Judicatura.
Así las cosas, el Consejo Superior de la Judicatura, paradójicamente la corporación con magistrados de mejor nivel académico, desaparecería con sus tres doctores: Nestor Osuna, María Mercedes López y Wilson Ruiz.

Osuna es doctor en derecho de la Universidad de Salamanca, Ruiz en derecho público de la Universidad Pompeu Fabra De Barcelona y López tiene un doctorado en derecho de la Universidad Externado.

El Espectador

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Por: Cecilia Orozco Tascón / Especial para El Espectador

Eso dice de su nuevo cargo de magistrado del Consejo Superior de la Judicatura el profesor del Externado Néstor Osuna. Aceptó, sin ninguna esperanza de ganar, incluir su nombre en la terna para reemplazar al renunciado Henry Villarraga, quien se retiró por un escándalo.

¿Por qué un hombre de academia y fama profesional como las suyas aceptó la inclusión de su nombre en una terna de candidatos para ingresar al desprestigiado Consejo Superior de la Judicatura?

Como profesor de derecho constitucional vivo pensando en el Estado y en la democracia. Llevo 20 años hablando de estos temas con mis estudiantes, pero en los últimos tiempos he notado un cierto desaliento en ellos porque perciben que el discurso académico está distante de la realidad institucional, del ejercicio de la política y de la profesión de derecho. Creo que esa sensación fue el campanazo que me hizo pensar en bajarme de la cátedra y, en cierta forma, jugarme el pellejo en un órgano que es clave para la sociedad, porque es el vigilante y juzgador del comportamiento de los jueces y de los abogados.

De todas maneras, supongo que usted prestó su nombre pensando en que no iba a ser elegido por un Congreso que no escoge por méritos sino por intereses.

Créame que nunca pasó por mi mente la idea de “prestar el nombre”, sino la de participar en una elección en la que podía perder, pero quería ganar. El día en que salió la terna tal vez no tenía un solo voto. Y, por supuesto, temía enfrentar el choque entre lo que dicen los libros sobre el funcionamiento de los parlamentos y la práctica de ir a conquistar el voto de los congresistas. Pero estoy persuadido de que, aunque tengan flaquezas, las instituciones terminan respondiendo. Y si hay una elección, de que la única forma de ganar es presentarse como candidato.

¿Cómo hizo para lograr tantos votos en el Congreso: 115 sobre la segunda votación, que fue de 50?

Creo que el hecho de que yo nunca hubiera sido servidor público, ni juez, ni político; representó una especie de “aire fresco” que jugó a mi favor porque estamos en un momento de crisis en el Consejo Superior. También tuvo un tremendo efecto una columna de El Espectador que salió justo el primer día en que fui al Capitolio: esa nota no sólo me potenció la autoestima, sino que suscitó curiosidad entre los parlamentarios que no me conocían por saber quién era ese tipo del que hablaban bien. También me favoreció el hecho de que varios partidos se comportaron como bancadas para la decisión sobre esta elección y eso aumentó la diferencia.

Perdone la pregunta: ¿hizo ‘lobby’ con los congresistas o alguien lo hizo por usted?

Le contesto sin rodeos: me propuse presentarle personalmente mi hoja de vida a cada uno de los congresistas, y quise atender sus preguntas. Esa es una práctica usual en muchos parlamentos del mundo en donde los candidatos a distintos cargos deben responder las inquietudes de los congresistas a veces muy incómodas, en sesiones tanto privadas como públicas. Así que me instalé en el Capitolio durante dos semanas y me dispuse a conocer a los 267 miembros del Congreso. Alcancé a hablar casi con todos.

¿Para decirles qué?

Para contestarles sus interrogantes y para exponerles mis ideas sobre la justicia, el Consejo Superior, y hablarles de mi experiencia profesional. Supe, además, que muchos de ellos, que no me conocían, les preguntaron a algunos colegas por mí. Eso ayudó. Pero permítame decirle que no llamaría esa actividad hacer lobby, sino competir visible y democráticamente por un cargo de elección.

Usted va a llegar al despacho del exmagistrado Villarraga, quien tuvo que renunciar por un escándalo ¿Se sentirá incómodo cuando se siente en esa silla?

Tengo el compromiso de salir del cargo que asumiré dentro de unas semanas, mirando a los ojos a los periodistas que han sido tan generosos conmigo, a mis estudiantes, a mis colegas, los profesores de varias universidades, al rector del Externado, que se asustó el día que me vio en la terna, y, sobre todo, a mi familia, que es gente correcta y hecha a pulso. Le garantizo que voy a poner todo de mi parte para que en cada expediente que tenga que estudiar, quien sea inocente no se le ocurra, ni por asomo, que necesitará envilecerse para no ser sancionado, o quien sea culpable, no le quepa duda de que tendrá que asumir su responsabilidad.

Elude la pregunta sobre la incomodidad de ocupar un espacio que no tuvo buen ambiente…

No me detendré a mirar hacia atrás, pero, en cambio, tomaré las prevenciones para obrar, siempre, de la mejor manera posible.

El caso Villarraga no parece ser el único en la Sala Disciplinaria. Hay cuestionamientos serios sobre algunos otros. ¿Cómo cree que lo recibirán y cuánto campo de acción tendrá usted?

Pues no lo sé. Habrá que esperar a la primera sala para ver qué pasa. Uno podría pensar que simplemente tendré un voto, pero también tengo capacidad de argumentación y conocimientos. No tengo enemistades ni compromisos. A lo mejor eso puede funcionar.

Usted va a ‘heredar’ decenas de procesos que quedaron abiertos en ese despacho. ¿Revisará con lupa las actuaciones en cada caso?

Por supuesto que revisaré con cuidado cada expediente que reciba y si considero que la forma como se ha venido tramitando no es la adecuada, la corregiré, claro, dentro del margen que me da la ley. Espero que los colegas magistrados me tengan paciencia mientras me pongo al día. Pretendo, además, integrar un despacho tecnificado y con profesionales pulcros en los que se pueda confiar.

¡Uy¡ Le va a tocar salir de algunos… ¿Cómo enfrentará ese trance?

El despacho de cada magistrado está integrado por funcionarios de libre nombramiento y remoción, y cada torero llega con su cuadrilla. Eso es lo normal.

A propósito, ¿ya sabe cuántos procesos están pendientes en su nuevo despacho?

Tengo entendido que son alrededor de 600. Lo primero que tengo que hacer al asumir el cargo es el inventario de los asuntos pendientes. El presidente de la Sala (Disciplinaria) hizo conmigo un recorrido por la sede del Consejo Superior y allí conocí el despacho que ocuparé y vi los expedientes arrumados: por supuesto que es muchísimo papel.

A un par de magistrados que se han distinguido por su conducta recta les ha ido muy mal con los colegas. Se sabe que los han maltratado verbalmente. ¿Qué haría usted si le sucediera lo mismo?

En cualquier trabajo en equipo se pueden presentar esas dificultades y, por supuesto, eso afecta la eficiencia y calidad de la institución. Así que hay que hacer un esfuerzo para que las diferencias de criterios jurídicos, que son comprensibles en un tribunal integrado por siete personas, no degeneren en enfrentamientos personales. Quiero posesionarme con la idea de que así será.

Con su disculpa: parece haber algo más que diferencias jurídicas, por ejemplo, complicidades en conductas insanas que unos no admiten…

Si percibo que las diferencias no son por criterios jurídicos, sino por otras razones, me vería obligado a tomar posición y a hacer las denuncias que correspondan.

Debido a las crisis que se han presentado, se plantea la necesidad de una verdadera reforma a la justicia, entre otras razones para modificar el esquema de elección y funcionamiento de la Judicatura. ¿Qué propondría usted?

A mí no me parece malo el diseño institucional en virtud del cual los miembros de la Sala Disciplinaria del Consejo Superior, que son quienes juzgan a los jueces, no dependan en su nombramiento del Poder Judicial, sino de los otros dos poderes, mientras que los miembros de la Sala Administrativa, que tienen las funciones de gerentes del Poder Judicial, sean nombrados sólo por el Poder Judicial. Creo que es un esquema bueno para garantizar la independencia de la rama, y el país debe ser consciente de que esa independencia es una de las joyas de nuestro andamiaje institucional.

Pero aunque la teoría sea correcta, la realidad no es nada buena.

Probablemente haya que agregarle a esta forma de elección algunos filtros que garanticen más transparencia y ‘meritocracia’, que es de lo que nos hemos dolido recientemente. En cuanto al funcionamiento, creo que sería preferible que las sesiones de las dos salas del Consejo sean públicas y transmitidas por internet, como ya ocurre en algunos tribunales del mundo.

La posibilidad de que se reemplace el Consejo de la Judicatura por otro órgano es alta. Si eso ocurriera, ¿qué tipo de organismo propondría usted?

La función de juzgamiento de los jueces y abogados tiene que hacerla alguien, y ese órgano, como le dije, debe ser independiente de aquellos a los que se va a juzgar, a la vez que debe tener un cierto rango, precisamente por el carácter de esas funciones. Si esos principios se mantienen con otro órgano o con otra forma de composición que pueda resultar mejor, pues bienvenidas esas reformas. Le aseguro que no voy a fungir de defensor del puesto. Pero sí me opondré a que se vuelva, así sea con fórmulas maquilladas, a la administración del Poder Judicial desde los ministerios de Hacienda y de Justicia o a los tribunales internae corporis para el juzgamiento de jueces y abogados.

La elección de dos magistrados de la Sala Administrativa de la Judicatura fue demandada ante el Consejo de Estado porque estos togados fueron elegidos por los mismos a quienes ellos habían elegido meses antes. ¿Cuál es su opinión sobre este modelo de autoelección?

Sobre el caso concreto preferiría no opinar, porque sé que está cercana una decisión judicial del Consejo de Estado y porque no conozco personalmente a los magistrados cuyos nombramientos están demandados. Pero a partir del próximo mes voy a trabajar con ellos y lo haré bajo el principio de respeto a la presunción de legalidad y legitimidad de sus nombramientos. Ahora bien, es evidente que los nombramientos entrecruzados dejan en la opinión pública una sensación de endogamia que genera rechazo. Eso deben entenderlo las altas cortes al hacer nominaciones.

¿Usted también se graduó en diplomacia?

(Risas). Déjeme posesionar sin meterme en problemas que no conozco a fondo.

Hoy se discute también la necesidad de una reforma a un organismo tremendamente poderoso: la Procuraduría. ¿Cree que tal como está diseñada tiene facultades excesivas y que hay que eliminarlas o disminuirlas?

En esto estoy de acuerdo con los planteamientos que ha hecho el profesor Rodrigo Uprimny (ver columna 15 dic., 2013, El Espectador). Con independencia de la persona que ejerza el cargo de procurador, creo que cabe revisar varias de las funciones de esa entidad que se repiten con las de otras instituciones o que ya no son necesarias en nuestra actual sociedad. A corto plazo, la ley de tres artículos que ha propuesto Uprimny me parece buena idea.

El Espectador (Editorial)

El Espectador (Editorial)

Publicada por: El Espectador

Es de celebrar la decisión que tomó el Congreso de la República la semana pasada, cuando nombró a Néstor Osuna como magistrado de la Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, probablemente la institución más desprestigiada —y con razón— de la alta cúpula de la Rama Judicial en Colombia. Tanto está puesta en entredicho su imagen, que el Gobierno propuso (aunque por supuesto no sólo por eso) eliminarla del todo en su fallida reforma a la justicia.

La noticia es buena porque refleja una decisión justa: Osuna, mejor que ningún otro candidato de la terna enviada por el presidente Juan Manuel Santos, representa la labor abstracta que debe desarrollar un juez. Se trata de un académico pulcro, dedicado a la investigación del derecho constitucional en la Universidad Externado. Alguien alejado de los problemas de la rama. Alguien, digamos, descontaminado de las prácticas clientelistas, burocráticas y de intercambio de favores que parecen comerse viva a la justicia de este país. Su nombre fue uno de los pensados para reemplazar, en su momento, la plaza de Humberto Sierra Porto en la Corte Constitucional.

Con los otros dos candidatos de dicha terna había razones para guardar reservas: el uno, Luis Manuel Neira, desde 2005 secretario general del Ministerio de Defensa, es un defensor de la figura del fuero penal militar y no sobra recordar que Henry Villarraga, el magistrado que dejó la silla vacía en el Consejo Superior de la Judicatura, renunció, justamente, por presuntos deslices en ese tema. La otra, Martha Luz Reyes, una funcionaria con 20 años de experiencia en la Fiscalía, sin embargo, como lo denunció la periodista Cecilia Orozco en estas mismas páginas, solicitó la preclusión de la investigación contra el exsecretario jurídico del Gobierno pasado por la visita que hizo alias Job  a la Casa de Nariño. Las críticas le llovieron en su momento y hubieran vuelto a saltar al ruedo.

¿Personajes cuestionados los otros dos? Ciertamente no. Pero el nuevo magistrado Néstor Osuna se distingue de ellos, de nuevo, por estar alejado de todos esos ambientes que pueden poner algún manto de duda sobre su futura gestión. El que nada debe, nada teme. Ya tendrá que demostrarnos, por supuesto, que está a la altura del cargo en el que lo nombraron.

Decíamos en este espacio hace más de un mes que esta era una oportunidad de oro para el presidente Santos: ya que no podía hacer una reforma a la justicia, como salió a lamentarse en los medios cuando Villarraga renunció a su cargo para dar vía libre a la investigación que pesa en su contra, contaba con un mecanismo expedito para renovar la justicia: nombrar una terna decente. Así es como se enmiendan los errores de costura institucional. Así es como puede llegarse a un país más decente pese a que una entidad esté mal concebida. Es un ejemplo grandilocuente, sobre todo en estos tiempos de polarización, cuando se critica la naturaleza de las cosas que nosotros mismos hemos dado en crear.

Durante los últimos meses este espacio fue usado para condensar la indignación social y levantar críticas contra ciertas decisiones o actitudes mediáticas de los políticos de este país. No sobra recordar, de vez en cuando, que sí somos capaces. Que sí se pueden dar partes de tranquilidad de vez en cuando. Que es posible, también, informar sobre lo bueno que ocurre en Colombia. Enhorabuena pues esta noticia. Que sean más.

El Universal

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Publicado por: El Universal

Con el compromiso de velar por la justicia y trabajar por la consolidación del Consejo Superior de la Judicatura, Néstor Osuna aceptó este martes ser el nuevo magistrado de la sala disciplinaria de esa corporación.

Osuna ganó la magistratura en una votación que realizó el Congreso de la República en pleno donde ganó con 116 votos, contra Marta Luz Reyes con 50 votos y Luis Manuel Neira 3 votos.

Osuna Patiño es abogado egresado de la Universidad Externado de Colombia, doctor en derecho por la Universidad de Salamanca, catedrático de derecho constitucional en la Universidad Externado de Colombia, investigador Invitado del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM desde 1988, profesor invitado de la Universidad Carlos III de Madrid desde 2005, Conjuez de la Corte Constitucional Colombiana (2005-2010), entre otros.

El nuevo magistrado además aseguró que desde esa magistratura desea “apostarle al compromiso con la ética pública, respeto y protección de los derechos como la más noble tarea” y consideró que “la función del Consejo Superior de la Judicatura, que es juez y administrador es especialmente delicada y necesita del mayor decoro y respetabilidad”.

Osuna llega a la Judicatura en reemplazo del exmagistrado Henry Villarraga. Tras verse inmerso en el escándalo por la presunta participación que tuvo para que el proceso del coronel Robinson González del Río pasara de la justicia ordinaria a la penal militar.